El dolor de cabeza no parecía desaparecer.
Poco a poco se volvía dificil respirar.
Desde el aparador, podía ver un hoyo negro en su pecho.
Succionando su vida y felicidad.
Algunos días era tan grande como una lágrima, otros como una puesta de sol.
Y su sonrisa controlaba esa variación.
Un día la escuché gritar:
- Soy tan difícil de amar? Tal vez ya no tengo salvación.
>>El mundo está tan podrido, tan perdido...
Su voz se ahogo con el sonido de la ciudad y su figura se perdió en la multitud.
Pero podía verla cada día, entrar por un té inglés y sonreír.
Cómo quién lucha con la despedida.
Fluctúando entre en un eclipse sin luna y una estrella fugaz.
Fluctúando entre en un eclipse sin luna y una estrella fugaz.
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